Esta noche me pasó una historia muy curiosa, triste, muy conmovedora. Terminé la noche con unos amigos latinos en una fiesta de una familia mexicana. La mayoría de personas en la fiesta eran mexicanos de entre unos 25 años hasta los 50s o 60s y la fiesta era como cualquier fiesta familiar en Costa Rica: abuelos, hijos, sobrinos, primos, comida, alcohol y musica. Entre el ron, el tequila, las cervezas y la música ranchera que nunca puede faltar en la casa de familias originarias del norte de México, sonó una canción que cambió por completo el aire festivo que se sentía en el lugar. Y digo que lo cambió porque desde que comenzó a sonar se notó algo diferente en las miradas de los señores y señoras que unos minutos antes disfrutaban a carcajadas con sus tequilas y cervezas. La canción era un corrido norteño que nunca había oído antes, pero que prestarle atención a la letra me hizo sentir una fuerte punzada en el estomago e hizo a varios de los presentes buscar las servilletas e...