lunes, 25 de enero de 2016

un viaje…. La Cruz de Guanacaste

Finalmente llegamos a La Cruz de Guanacaste. A pesar de los vientos casi huracanados y el polvasal, pudimos ver esa Bahía Bolaños desde el mirador, conocer Playa Rajada y la muy poco conocida Manzanillo.

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© G.A.D.S - 2016

Camas de mi vida #22

_R046870La Molina - Lima - Perú © G.A.D.S – 2013

Las flores (junto con la colcha) llegaron desde Oaxaca a mi querida ciudad de Lima. Llegaron en una valija que entre otros textiles también traía libros, folletos y sueños académicos por realizar. El motivo del viaje fue un congreso realizado en la ciudad mexicana sobre extractivismo en comunidades indígenas.

Sobre la mesa de noche está la caja de mi para entonces nueva cámara Ricoh GR, y bajo ella varios libros por leer. Unos mios, otros de ella. El cuadro sobre la cama fue hecho por su mismísima mano, en un proyecto de sus últimos años de secundaria.

Veo esa foto y cataratas de recuerdos caen fuertemente en mi cabeza. ¿Ya para ese entonces se había tomado la decisión final?

Cuando murió García Marquez, entre tanta frase requemada de su larguísima trayectoria,  leí una que me llamó muchísimo la atención y sin querer, ahora ya casi a manera de reflejo automatico, la aplico de vez en cuando a mis recuerdos memorables y no tan memorables. El finado don Gabriel dijo en una de sus notas periodísticas así:

Como sucede siempre, pensábamos entonces que estábamos muy lejos de ser felices, y ahora pensamos lo contrario. Es la trampa de la nostalgia, que quita de su lugar a los momentos amargos y los pinta de otro color, y los vuelve a poner donde ya no duelen.

Con la calma que da la lejanía temporal y geográfica de los eventos me he puesto hoy a pensar en ¿qué tan de cierto habrá en esa frase? Me atrevo a proponer otra idea que va en contraposición con la tal trampa de la nostalgia que nos habla don Gabriel: ¿Habrá sido más bien que la emoción del gran momento nos hizo desfallecer con un pequeño tropiezo y tomar decisiones precipitadas? ¿Habrá sido la misma emoción de estar en un momento casi trascendental la que nos nubló la vista y hacernos saltar del barco a los lanchones salvavidas? La respuesta no la se y desgraciadamente, posiblemente, nunca se sabrá... solo quedan lecciones para esa carga de experiencias de vida y que ojalá en un futuro nos ayuden a tomar las decisiones adecuadas.

- Escrito en San José. Costa Rica a finales del año 2014 -

jueves, 14 de enero de 2016

Los 481 de Lima

Lima,
y ese cielo panza de burro
y esos muros empolvados
de choclos con queso
de "si pues..."

Una ciudad que, a pesar de tener un pasado doloroso, de saqueos, de explotación, cada vez que la recuerdo una sonrisa me aparece.

Caminar por esos jardines
que a pesar de la aridez
casi siempre son verdes.

Combi a La Molina,
a Gamarra, pues...
La Javier Prado
y sus hileras largas
de limeños y limeñas.
Señor cobrador,
me quedo en Jesus María.

Hoy muchos limeños, chalacos y oriundos de todas partes del Perú se reúnen para celebrar el 481vo aniversario de la ciudad. Yo acá, desde Liberia en Costa Rica, hago un pequeño tributo a una ciudad que en contra de todos los pronósticos me marcó y me llenó hermosísimos recuerdos y bellísimas amistades.

Dale pe. Carlitos, a cantar... pues!

miércoles, 13 de enero de 2016

y se fue el día en Playa Panamá

Imágenes del domingo que pasó, luego de tomar el bus que sale del Mercado de Liberia a las 11:30am rumbo a Playa Panamá. Un reencuentro con una playa que tenía más de 20 años de no visitar. Una tarde y un atardecer en la tranquila Bahía Culebra.

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© Guillermo A. Durán S. - 2016

martes, 12 de enero de 2016

La Zona del Canal por Matias Costa


En febrero del 2014 el fotógrafo Matias Costa publicó en la revista Mare un fotoreportaje que retrata lo que es ahora la antigua Zona del Canal de Panamá. Sus fotos muestran tanto la infraestructura y paisaje del área como la vida actual de sus antiguos habitantes, conocidos popularmente como “zonians”. El digital de la versión impresa está en el blog de la agencia Panos y las fotos se pueden ver en la galería de la agencia.

Cuando viví en Panamá tuve la oportunidad de conocer a varios de estos “zonians”, en su mayoría personas entre los 30s y 60 años, hijos de estadounidenses que por motivos del trabajo de sus padres nacieron en la Zona del Canal, un territorio en el medio de Panamá que para ese entonces era parte de los Estados Unidos. También visité varias veces el caserío de Gamboa y otros barrios de la antigua Zona, todos localizados a las orillas del Canal y poblados con edificaciones diseñadas en esa arquitectura tan característica del Canal: edificios y casas en su gran mayoría de madera, de dos pisos, ventanas enormes, techos altos y jardines amplísimos. Luego de que en el año 2000 la Zona pasara a manos del pueblo panameño, muchos de estos edificios se han reacondicionado y se ven tan bien como seguramente se vieron en sus mejores tiempos, otros en cambio, han quedado en el abandono y esa humedad altísima, tan intrínseca de los trópicos, los ha ido deteriorando al punto de que se han ido perdiendo poco a poco entre el verdor intenso de la vegetación silvestre tropical.

A pesar de que la situación actual de Panamá sin duda es mucho mejor que en los tiempos del enclave, en mis visitas a la Zona (ahora llamada “área revertida”) sentí siempre cierto aire de nostalgia hacia ese pasado tan significativo de Panamá, nostalgia que sin duda se palpa en las fotografías de la Zona capturadas por Matias y se amplifica con los retratos de la vida actual de los “zonians”, ahora que muchos de ellos viven tanto fuera como dentro de Panamá.

Observo estas fotos desde mi interés por el choque y adaptación que han tenido las culturas de zonas más templadas al tratar de habitar la intensidad y frenesí tropical. En contraposición con el romanticísmo de Walden y fotógrafos como Ansel Adams, soy más de los que al igual que Werner Herzog consideran falsa esa idea de la armonía en la naturaleza, posición que Werner muy elocuentemente presenta en este inmortal corto del documental Burden of Dreams. En el bosque tropical, en su biodiversidad, en su enmarañada vegetación, pienso, es donde más claramente se nota esa enorme fuerza de la naturaleza, indomable, caprichosa y poderosa.

Desde tiempos antiguos las civilizaciones de climas más estacionales han querido confrontar y dominar esa enorme fuerza del trópico, con resultados en algunos casos más duraderos que otros. Me trae a la memoria la devastación sufrida en el Congo, donde las ruinas de esa intervención occidental fue retratada muy habilmente por Carl De Keyzer en su libro Congo (Belge) o en el más reciente trabajo y libro de Paolo Pellegrin y Alex Majoli llamado Congo. En otros casos, como la India, Singapur y la Zona del Canal, el concreto, las láminas de zinc, los rieles de los trenes y el césped traído por los imperios parecen haber ganado temporalmente este pulso a las lluvias torrenciales, inundaciones y mosquitos.

Sin duda esta supuesta ¨dominación¨ se ha logrado a través de la modificación del paisaje para asemejar en cierta medida los de sus lugares originarios, ya conocidos, ya manejados y manipulados. ¿Qué tanto se mantiene de ese reflejo de un pasado con fuertes trazos estadounidenses en las áreas revertidas, ahora que han pasado 16 años desde que se abrió la antigua Zona al crisol de culturas que es el resto de Panamá? Esta pregunta nos la contesta Matias en sus fotografías.

Finalmente, a la luz de este trabajo fotográfico vale la pena mencionar las palabras que una vez escuché de la arqueóloga iraquí Selma Al-Radi durante un almuerzo en la Estación Biológica Las Cruces y que dada la magnitud del Canal cobran un enorme peso: todas las civilizaciones son temporales, desde las más poderosas hasta las más pequeñas.


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© Matias Costa - 2014

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© Matias Costa - 2014

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© Matias Costa - 2014

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© Matias Costa - 2014

miércoles, 6 de enero de 2016

El tren andino

Fotos de un agosto Peruano de hace ya varios años. Viajando en el tren Andean Explorer que recorre los Andes Peruanos, desde Cusco hasta Puno, a las orillas del Titicaca.

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© Guillermo A. Durán Sanabria - 2012

sábado, 2 de enero de 2016

Apu, el alegre bengalí

Nunca antes escuché sobre la Trilogía de Apu hasta que The Criterion Collection y Janus Films anunciaron el año pasado la restauración de los negativos originales y su pronta distribución tanto en discos como en salas de cine. Los anuncios decían que la restauración de estas tres películas fue una labor memorable, ya que los negativos originales fueron severamente dañados hace 20 años en un incendio de las bodegas donde se guardaban y se necesitó un proceso largo de reacondicionamiento de los rollos de película sobrevivientes y el escaneo de cada cuadro para, junto con otros rollos de copias en positivo, armar nuevamente las películas en una calidad que le fuera digna al fallecido director y a sus cincuentenaria trilogía.

Tanto esmero por restaurar tres películas me llamó la atención, así que busqué sobre ellas y sobre su director Styajit Ray, para finalmente darme cuenta que a pesar del tiempo que llevo viendo películas, aún me quedan obras maestras del cine del siglo XX por ver.

Entre ayer y hoy vi la trilogía completa: La historia de Apu, un bengalí de la casta de los brahmán, que es contada desde su concepción hasta su edad adulta en tres películas escritas y dirigidas por un, hasta ese entonces, desconocido cineasta bengalí.

Las tres películas son memorables, son obras de arte, contadas con una sencillez que ronda lo sublime, al nivel que me atrevo a decir podrían ser vistas por personas totalmente ajenas a la cultura bengalí y, a pesar de esta distancia cultural, fácilmente llegar a identificarse, a ser atrapadas por la historia y sus personajes. Las tres películas cuentan una historia tan intrínsecamente humana que trascienden culturas y tiempos, tan aparentemente simple que da lugar a verla y analizarla desde diferentes perspectivas. ¿Qué mejor definición que esa para el arte?

No podría decir si alguna de las tres películas me gustó más que otra, pero sí puedo decir que el final de la tercera: El mundo de Apu, la escena donde Apu finalmente se redime, me parece de las escenas más hermosas de todo el cine que he visto.