Caminando por la historia: de Turrialba a Siquirres por la linea del tren


En el año 2004 se nos ocurrió a un amigo y a mi irnos caminando desde Turrialba hasta Siquirres por la antigua linea del ferrocarril a Limón. Para ese entonces ya el tren tenia 9 años de haberse clausurado y pensamos que la linea no iba a estar en muy malas condiciones como para al menos poderla caminar. Las fechas exactas no las recuerdo, pero si recuerdo que tomamos el bus de San José a Turrialba un sábado a eso de las 5am y estábamos de vuelta en San José el domingo en la noche.

Yo me lleve mi GPS e imprimí las hojas cartográficas con la ruta del tren, para así poder ir revisando la distancia que llevábamos y lo que nos hacia falta. Echamos en las mochilas mi cámara, cuatro rollos en blanco y negro, una tienda de campaña, unas manzanas, un par de sándwiches que compramos en Turrialba, una olla pequeña, una cocina y un arroz con pollo congelado que había hecho mi mamá.

Comenzamos a caminar desde el centro de Turrialba, el pueblo donde nací. Apenas salimos de la zona urbana, el charral se apoderó de toda la línea. En ciertas partes teníamos que dejar la línea y caminar por calles para luego brincarnos una cerca y volver a seguir los rieles. Los puentes estaban totalmente abandonados, con durmientes podridos o en algunos casos sin durmientes del todo.

Luego de un par de horas de caminar, el charral comenzó a abrirse poco a poco y se podía notar que los pocos pobladores de esas áreas usaban la antigua linea como camino.

Al pueblo casi fantasma de Peralta llegamos al medio día. Nos llamó muchísimo la atención ese lugar en ruinas: edificios abandonados, casas vacías, y unos cuantos pobladores que se han mantenido recios a abandonar este pueblo que nació y existió gracias al antiguo ferrocarril al Atlántico.

Ahí encontramos una soda y una señora que de muy buen gusto nos vendió un casado con carne mientras nos contaba con visible nostalgia las historias de la últimos años del ferrocarril. Le contamos nuestra idea de llegar hasta Siquirres caminando y nos dijo que ella había oído que si era posible, pero que un sector se había dañado mucho luego de las torrenciales lluvias del Huracan Juana, en la decada de los 90s.

Dejamos Peralta pasando por su olvidado cementerio. Un lugar donde el bosque ya había comenzado a tomar posesión. Unos minutos después llegamos al primer túnel.

Pasar por ese antiguo túnel me trajo a la memoria las clases de estudios sociales del colegio: era casi increíble pensar lo que llegó a significar ese ferrocarril para Costa Rica. Ese túnel había sido hecho mas de un siglo atrás; y sin él, esa línea, y el café que por ahí pasó, nuestro país muy posiblemente sería otro muy diferente.

El túnel marcaba el inicio del llamado "Cañón del Reventazón", zona donde el tren corría justo al margen del río y seguía con muy poca pendiente sus meandros. Ahí fue donde comenzamos a notar paulatinamente los efectos del olvido y de las lluvias torrenciales que de vez en cuando azotan esas zonas del caribe de Costa Rica.

Derrumbes de tierra y rocas sobre los rieles. Muros de concreto que originalmente protegían el borde del cañón de ser erosionado por el río se veían en pedazos dentro del cauce. Pasamos otro túnel, entrando en una zona donde ya el bosque cruzaba frecuentemente los dos rieles que seguíamos con mucha determinación.

A eso de las 5 de la tarde llegamos a un pueblo abandonado. Un pueblo que fue destruido totalmente hace no mucho tiempo por derrumbes e inundaciones del Reventazón. Casas con las puertas abiertas, zanjas con pequeños riachuelos en medio de las calles, y hasta algunos de los postes del alumbrado público aún iluminando. Una escena distinta a todo lo que habíamos visto anteriormente.

Pensamos acampar justo después del pueblo, pero la escena era tan impresionante, con derrumbes y piedras por todos lados, que decidimos devolvernos un par de kilómetros y acampar en una casa abandonada que habíamos pasado justo antes de llegar al pueblo.

Al día siguiente volvimos a cruzar el pueblo abandonado y ya con la luz de la mañana pude tomar algunas fotos. Luego de ese pueblo, que desgraciadamente no recuerdo el nombre, el Cañón del Reventazón era menos profundo pero mas dañado por los derrumbes y la erosión del río.

A eso de las 9am llegamos al tercer túnel. El río se había comido unos 300m de la linea, y esto hacía imposible llegar hasta el túnel desde el lado donde nos encontrábamos. Esta zona, al ser menos quebrada que el sector anterior, está dedicada a la ganadería. Eran potreros con dispersados toretes y vacas, muy cerca de la zona de Tres Equis de Turrialba, al otro lado del Reventazón. Nos brincamos una cerca y caminamos por el potrero tratando de seguir una ruta lo mas cercana al río, para así poder volver a la línea después del túnel.

En este trayecto del potrero conocimos al cuidador de la finca que cruzábamos. Un señor solitario y bastante gruñón, que nos amenazó con dispararnos por habernos metido en una propiedad privada. Luego de disculparnos, el hombre nos invitó a un café y no paró de hablar en un buen rato. Decía que había sido un error del gobierno haber metido trenes mas pesados de lo que se había planeado en el diseño original del ferrocarril, que debido al tipo de suelo y clima eso ayudó al fácil y rápido deterioro de la línea.

Dejamos atrás al pintoresco personaje caminando por los potreros y sobrepasando el tercer túnel. Eran trayectos donde intermitentemente volvíamos a la línea del tren, una zona donde la linea se perdía entre antiguos derrumbes y que con el pasar del tiempo estaban cubiertos por arbustos y vegetación muy densa.

Luego de lidiar por varias horas en un enorme derrumbe casi convertido en bosque, tratando de encontrar la ruta del tren, sin machete y sin tener la intención de bajar hasta la margen del río (debido al empinado talud), encontramos una trocha que comunicaba a un pequeño poblado donde decidimos preguntar por el estado del resto de la línea.

Las respuestas fueron del todo desmotivantes: era imposible seguir por la línea hasta el siguiente pueblo llamado La Florida, donde originalmente se inició la fabrica de hielo, ahora Florida Ice & Farm, empresa dueña de la Cervecería Costa Rica; esto a escasos 10 kilómetros del cruce sobre la autopista Guapiles - Siquirres.

No nos quedó mas que, entre la amabilidad de varios choferes que iban y venían por el camino, irnos de vuelta a Turrialba.Fue una decisión difícil estando tan cerca de nuestra meta, pero por lo menos nos fuimos con la satisfacción de haber hecho una gran parte del trayecto.

El resto es un ensayo fotográfico de la caminata:







Peralta de Turrialba:








Pueblo abandonado por derrumbes e inundación:




Recuerdo que una vez cuando tenia unos 8 años, fui con mi mamá desde San José hasta Turrialba en tren. Recuerdo el libro Gentes y Gentecillas de Carlos Luis Fallas , donde Gerónimo (creo que se llamaba así) contaba sus aventuras al vivir en Pejibaye de Turrialba y trabajar en la construcción de la línea del tren a Limón. Recuerdo también las lecciones sombre Minor Keith y su negocio de construir el ferrocarril al atlántico, de la concesión de tierras que le hizo el gobierno y que con eso él fundó la Standard Fruit Company y comenzó con la actividad bananera en el país. Recuerdo muy bien las lecciones sobre la contratación de italianos, chinos y negros jamaiquinos para el trabajo en la línea.

Pensando en todo eso, en lo que cambió ese ferrocarril la vida del país, me da tristeza el recordar como un país (o su gobierno) olvidó una parte muy importante de sus raíces, y que lentamente la ve podrirse sin hacer nada para protegerla.