Entre Dos Ríos de Upala y Paterson, NJ

El 2016 se fue como un año de excelentes películas. Primero por la ya comentada Moonlight, que la llegué a ver a los pocos días de visitar el muy contrastante lugar donde fue filmada; seguido por el excelentísimo western del siglo XXI Hell or High Water y finalmente por la enorme y muy grata sorpresa de Paterson.

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Cada vez que salgo de paseo con mi novia acostumbro a cargar el iPad con un par de películas para ver en las noches. Este fin de semana que pasó decidimos ir a visitar a su primo Oscar Bustos al albergue de montaña Las Bromelias, cerca del pueblo Dos Ríos de Upala en las estribaciones del Volcán Rincón de la Vieja. Cargue en el iPad la hermosa película Tanna (selección australiana al Oscar del 2016) y el nuevo largometraje del venerado Jim Jarmusch llamado Paterson.

Con el sonido de las chicharras en unas rústicas cabinas de madera al lado del camino de piedras que sube a la naciente del río Pénjamo, a eso de las 6pm del sábado nos acostamos para ver Tanna. La película nos dejó tan emocionados por la historia real que cuenta, del pueblo melanesio de la pequeña isla del Pacífico, que decidimos ver de una sola vez Paterson.

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Como las mejores sorpresas, Paterson llegó sin avisar. Lo único que leí antes de verla era que trataba sobre un chofer de bus en una ciudad de la costa este de los Estados Unidos. Ni trailer ni sinopsis ni críticas, no teníamos ninguna expectativa de la película más que la ansiedad por ver la nueva película de Jarmusch.

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Una semana en la vida de un tipo llamado Paterson que vive en Paterson, New Jersey. Una semana en la vida de un chofer de autobus que vive con su novia Laura, su perro Marvin y gusta de tomar una cerveza en las noches en el bar del vecindario. Una semana en la vida de un poeta de lo cotidiano, de un buscador de esa belleza que se esconde en la banalidad del día a día, una semana presentada en una película que también terminó siendo una poesía.

Paterson llenó todas las expectativas que he tenido del cine (y del arte en general). Su temática, la sencillez con que se cuenta la historia, la autenticidad de los personajes, las imágenes y la música me envolvieron. Me atrevo a mencionar que hasta el momento esta es mi película favorita de Jim Jarmusch, y eso es mucho decir.

Luego de la enorme emoción de haber visto Paterson, entre ayer y hoy me puse a buscar en el YouTube entrevistas a Jarmusch sobre la película. Me llamó la atención que ante la pregunta de porqué hacer una película sobre un conductor de bus que escribe poesía, Jarmusch responde comentando sobre esas similitudes que existen entre su trabajo de cineasta independiente y el de un poeta: ambos dedicándose a sus labores artísticas por un amor a crear, por una necesidad de comunicación, por querer compartir sus emociones. Es, posiblemente, muy difícil vivir económicamente como poeta y por lo visto también debe serlo como un cineasta no comercial, ese rasgo les da cierta pureza a sus creaciones y a sus vidas como artistas, alejándolos de la necesidad del vender y vender o de agradar y agradar. La admiración a esa autenticidad del poeta es algo que sin duda Jarmusch resalta en la película y es una admiración que yo comparto totalmente.

Otra cosa para resaltar de la película es lo interesante de cómo se muestra el proceso creativo de Paterson: escuchando, observando, prestando atención a los pequeños detalles de su día a día, a esos diálogos de los pasajeros del bus, a cosas pequeñas que comienzan poco a poco a modificar sus ideas iniciales de sus poesías. No es que las poesías aparezcan completas en su mente en momentos de gran inspiración, por el contrario, son como esa piedra que el escultor tiene que ir rompiendo poco a poco para poder liberar a su escultura del material que la rodea.

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Recuerdo que cuando viví en San Francisco California, luego de una de las varias caminatas de exploración fotográfica de la ciudad que hice con el fotógrafo Tony Marciante, discutimos que el gran reto para el fotógrafo-artista que aspirábamos ser (y que sin duda Tony ya lo era desde hace muchos años atrás) es no necesitar tomar un avión para ir lejos y, por lo peculiar y novedoso del nuevo lugar, sentir la inspiración para fotografiar; el gran reto es (y siempre será) esforzarnos por lograr tener la sensibilidad necesaria para apreciar lo fotografiable en lo banal, es tener esa facilidad para estar atentos a las chispas de magia que de vez en cuando aparecen en lo cotidiano y retratarlo. Así, a través de la fotografía, llegar a conocernos más a nosotros mismos, hacia adentro, y menos el exterior.

Sin duda a Tony le encantará ver Paterson, al igual que le habría encantado a mi querida amiga Claudia Lüthi, otra poeta de lo cotidiano.

Minutos antes de la sesión de películas del sábado 11 de marzo del 2017 - © G.D.S 2017