Mr Corporativo y el Pescador de Osa

Ayer estaba en un BBQ en el Golden Gate Park celebrando el cumpleaños de un compañero de la universidad y entre la celebración la mamá de mi amigo me contó una historia bien interesante.

La fuente de la historia es un señor que conoció en un viaje a Costa Rica, cuando ella visitaba a su hija que trabajaba como maestra en una escuela en Monteverde. Este tipo que le contó la historia es el dueño de alguno de los ecolodges en la Península de Osa y la historia va más o menos así:

Estaba Mr Corporativo pasando sus vacaciones en la península de Osa, relajándose del trajín diario de su nativa Nueva York, sentado frente al mar admirando la calma del Golfo Dulce. En eso ve no muy lejos, en un pequeño y humilde rancho, a un pescador que sentado en una hamaca pelaba con un cuchillo un pescado.

Mr Corporativo se interesa en la escena y se acerca a hablarle al pescador. Con su mal español le pregunta si seria posible que le enseñara las artes de la pesca artesanal, a lo que el pescador accede de muy buen gusto.

Al rato de intentar pacientemente, Mr Corporativo logra sacar un pequeño pargo, de esos que dan fritos como boca en los bares de Golfito. Ahora seguía aprender como quitarle las escamas y sacarle las tripas, así que rápidamente el pescador con un cuchillo le enseñó.

A los pocos días se le acaban las vacaciones a Mr Corporativo y vuelve a sus negocios en Nueva York, pero la escena de la pesca artesanal se queda en su mente y en sus siguientes vacaciones vuelve de nuevo a Osa con una idea. Fue a buscar al Pescador, que encontró en el mismo rancho, y le dijo que si le podía hacer el favor de conseguir un par de lanchas de pesca, que él las iba a pagar al precio que le pidieran.

El Pescador pensativo le preguntó la razón de esta extraña compra. Mr Corporativo le respondió que, luego de las anteriores vacaciones, él le comentó a sus amistades corporativas de la gran ciudad sobre la pesca en el Golfo Dulce y ellos decidieron venir junto con él para relajarse pescando pargos, corvinas y jureles. Como eran varios corporativos, un solo bote no iba a dar a basto.

El Pescador accedió de buena manera y les consiguió dos botes semi-rusticos y pasó un par de días pescando con ellos en el Golfo Dulce.

Pasó un año más y en eso el Pescador ve de nuevo llegar a su casa a Mr Corporativo, esta vez venía con un maletín lleno de dolares. El Pescador asombrado le preguntó que a que se debía que viniera con tanto dinero y Mr Corporativo le respondió que ahora quería comprar una flotilla de lanchas de pesca, ya no una ni dos, quería 10 o 15 de las mas modernas y abrir un negocio de tours de pesca.

El Pescador, aún mas extrañado, le pregunta de nuevo la razón de esta nueva inversión. Emocionado Mr Corporativo le responde que con el dinero que le va a dejar el negocio de los tours, más la venta de sus propiedades en Nueva York, va a poder pasar el resto de su vida viviendo frente al Golfo Dulce, pelando pescados en una hamaca guindada en el corredor de su futura casa, igual al humilde Pescador cuando él lo conoció.

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