Recuerdos de una revolución. Parte 2

Frente a un costado de la plaza central de León en Nicaragua se encuentra en un deteriorado estado físico el Museo de la Revolución Sandinista. Ahí, luego de pagar una módica entrada, conocimos al señor Benito Chávez, un excombatiente que militó con la guerrilla sandinista desde que esta se inició en el León de la década de los 70s. En ese entonces, al igual que ahora, León, amparada bajo iglesias y la segunda universidad más antigua de Centroamérica, ha tenido un ambiente que ha sido caldo de cultivo para pensadores y revolucionarios.

"Acá estamos varios excombatientes, nos ayudamos con lo que cobramos de entrada. Muchos ya no podemos trabajar porque quedamos con problemas mentales luego de la guerra. Yo a veces me despierto pensando que estoy volando bala, ya mi esposa lo sabe... ya ni se asusta."

El señor Benito fue nuestro guía por el derruido edificio que antes de la guerra fuera el centro de comunicaciones de León. Nos mostró sus esquinas, esas que antes fueron cabinas donde se llamaba por teléfono al extranjero y que durante la guerra se convirtieron en rincones donde la Guardia Nacional torturaba sin mucha discriminación a los guerrilleros y a los que creían que eran guerrilleros, esquinas con muros que guardan el sufrimiento de la muerte de amigos y familiares.

Mientras recorríamos los distintas secciones del museo, entre fotos antiguas, artículos de periódicos y afiches nos contó de sus jornadas como soldado sandinista y de cómo luego de que mataron a un familiar vio la necesidad de entrar en lucha contra Somoza. Nos relató cómo andubo perdido durante dos meses en las montañas de Jinotega. Luego de una batalla allá en la montaña se separó de su batallón, no nos contó si fue que mataron o capturaron a los demás. Vagó durante todo ese tiempo entre swampos y bosques cargando su arma, esperando el ataque sorpresa del enemigo y comiendo lo que encontraba en el monte. En esos dos meses se contagió con lepra de montaña (leishmaniasis - papalomoyo) y sufrió una gran infección en uno de sus testículos que, según nos contó, llegó a hincharse a un tamaño como el de una naranja. Finalmente un helicóptero lo sacó del monte y lo regresó a la realidad, a la de un país en guerra.

"Yo hace un tiempo viví en Liberia, allá en Costa Rica. De ahí me sacó migración hace unos tres meses. Yo tenía un tallercito donde arreglaba carros, a veces de gratis, a veces cobraba. Me gusta mucho Costa Rica, ya tenía mis amistades en Liberia. Mi sobrina trabaja en la policía de Liberia, pero ni aún con su ayuda me salvé de que me devolvieran a Nicaragua."

Nicaragua es un país por el que guardo un enorme respeto. En mis visitas a Nicaragua he encontrado tanta amabilidad en gran parte de su gente que sin duda muchas veces me he llegado a conmover. La sinceridad del señor Benito al llevarnos por ese episodio de su vida y de la historia centroamericana me ayudó a ver con otros ojos lo que significó la revolución sandinista para muchos de los nicaragüenses. No solo la violencia de las armas y las matanzas - hechos que se asocian directamente con un conflicto bélico - si no la esperanza por un cambio, la necesidad de buscar una sociedad más justa. A pesar de que considero que hubiesen podido existir otros medios para evitar el derramamiento de sangre y lograr un cambio, es muy fácil escribirlo casi 40 años después, en condiciones muy distintas a las que se vivían en ese entonces.

¿Qué tanto de esas esperanzas de los que lucharon contra la Guardia Nacional se han materializado durante estos últimos años luego del triunfo de la revolución? Esa es una pregunta que no me atrevería a responder ya que no viví los cambios ni conozco tan a fondo la situación social y económica del vecino país.... Eso sí, me gustaría pensar que todo ese esfuerzo, esas vidas, esa sangre derramada no ha sido en vano y que el hermano país camina hacia un futuro mejor, con más oportunidades, menos pobreza y más educación.

El Señor Benito Chávez mostrando cómo se utilizaba durante la guerra sandinista este lanza granadas artesanal.